Finalista del Certamen literario: “¿Crimen y misterio en una calle de Bilbao?” de Oiñat F. Ziarrusta

Este es uno de los textos finalistas del I Certamen literario de la Librería Libu.
Puedes leerlo en versión maquetada, en
Isuu

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Querido diario:
29 de febrero de 2016

Llevo toda la noche dando vueltas y no consigo conciliar el sueño. No puedo quitarme de la cabeza lo sucedido hoy en Libu y, por más que repaso los hechos detenidamente, no encuentro una explicación lógica. Es como si lo hubiera soñado. Pero sé que no es así.
Esta mañana, como todos los lunes desde que Libu abrió sus puertas, he ido a llevar una caja con libros de la casa de mi abuela, que queda muy cerca de la librería. La semana pasada llevé una colección de cuentos de Hans Christian Andersen que me leía la abuela de pequeño y de la que me costó deshacerme al principio, pero al ver el entusiasmo con que los recibió Gotzone me alegré de haberlos llevado. Hoy, sin embargo, he llevado unas cuantas novelas y un libro que recopila noticias de periódicos antiguos y sucesos curiosos del pasado.

Libu es un lugar de esos en los que, en cuanto entras, te sientes cómodo, como en casa, y notas como si las historias que guarda cada libro de sus estanterías estuvieran suspendidas en el aire, invitándote a leerlas para convertirte, por un momento, en protagonista de mil aventuras, amores, desamores, crímenes perfectos y acontecimientos pasados. No creo que exista un lugar mejor para dar una segunda oportunidad a esos libros que han formado parte de mi historia; unos, porque me recuerdan a momentos concretos de mi vida, otros simplemente porque habitaban, desde que era un niño, en el mismo lugar de la estantería.
Hoy habría sido un lunes como los anteriores desde que me he puesto a vaciar la casa de mi abuela: cojo una caja de libros, la bajo a la librería, hablo con Gotzone, miro un rato los libros nuevos, selecciono un par y me los llevo. Pero no, hoy mi estancia en Libu ha sido mucho más intensa. Entro y saludo a Gotzone, a la que no veo a primera vista pero cuya voz proviene de detrás de un montón de cajas de libros de la zona de lectura infantil, ubicada al fondo de la librería. Un rincón perfecto para que la imaginación de cualquier niño o niña vuele hasta el infinito y pase un rato mágico entre libros. Normalmente, cuando llego, Gotzone anda por las estanterías colocando las obras que le van trayendo. A veces está sentada leyendo, pero hoy parece haber recibido una gran cantidad de libros infantiles y está organizándolos. Sale un momento de detrás de las cajas y me explica que ayer, a última hora, trajeron de un colegio un montón de libros y que no tuvo tiempo a mirarlos. Así pues, dejo que continúe con su tarea y me voy a echar un vistazo a los libros que han llegado nuevos, como hago cada lunes. Veo unas biografías de filósofos y políticos que forman parte de una colección. Echo un vistazo a algunas y sigo.

A mano derecha, según se entra, en un rincón que hay con sillones para leer, hay una mujer joven, de unos treinta y cinco años, aunque por su estilo, algo vintage, diría yo, que no soy muy entendido en moda, aparenta más edad. Está sentada en uno de los sillones con una novela romántica entre las manos. Podría ser cualquiera de las muchísimas novelas de Danielle Steel que solía leer mi madre en verano, pero, más que leerla atentamente, parece como si se hubiera detenido en una palabra que ha detonado un pensamiento que la mantiene sumida y lejana, con los ojos entrecerrados, mordiéndose el labio inferior con tal insistencia que, deduzco, la lleva a algún recuerdo que la inquieta.
Cojo un par de libros interesantes y me dirijo a un sillón, frente a la mujer, a echarles una ojeada. Ante la curiosidad que me suscita lo que ella pueda haber leído, me inclino un poco al pasar por su lado para ver qué es lo que ha hecho que se abstraiga de esa manera. Al hacerlo veo una página en blanco indicando el final de un capítulo y el inicio de otro, cuyo nombre reza, en mitad de la página, en letra mayúscula,

TRAICIÓN

Me siento con los libros que he escogido y comienzo a pasar las hojas. De pronto, una voz me saca de mi lectura y me doy cuenta de que hay un hombre de mediana edad, rechoncho y con aspecto desaliñado, por la zona de las biografías que yo estaba mirando antes. No le he visto entrar y no sé cuánto tiempo lleva dentro de la librería, pero lo que me ha sacado de mi ensimismamiento ha sido una pregunta dirigida a la mujer vintage en referencia a la lectura que ésta tiene entre manos, sobre la que ha iniciado una interesante conversación, que si mal no recuerdo, podría haber sido algo así:
-¿Le gusta la lectura romántica?- pregunta el hombre.

-No mucho, la verdad es que prefiero el misterio- responde la mujer vintage
escuetamente y sin dejar de mirar su libro.

-Por su acento diría que es usted inglesa…- pregunta el hombre con curiosidad.
-Sí, estoy pasando unos días de descanso en Bilbao-. Esta vez levanta la mirada del libro y la dirige al hombre.
-¿Y ha pensado que era buen momento para iniciarse en la lectura de novela romántica?– le dice él con un tono amigable.
-Como le he dicho, me gustan más las novelas de misterio, pero quisiera entender algunas cosas sobre el amor– le explica ella con una sonrisa tímida
-Yo me considero un ignorante en muchas materias, incluido el amor, pero no veo cómo una novela romántica puede sacarla de dudas.
-Solo quiero entender qué puede llevar a un hombre a ser infiel y qué lleva a una mujer a jurarle amor eterno a un hombre así.
-Por el dolor de sus palabras, deduzco que habla de su vivencia personal…

El hombre pregunta de tal forma que parece realmente interesado en la historia de la mujer, no es sólo por puro cotilleo.
-Así es, pero el dolor ya se ha mitigado. Sólo me quedan preguntas y la necesidad de poner nombre a los sentimientos que surgieron después del dolor. Creí que en este libro podría encontrar respuestas.
-¿Y qué sentimientos son esos, si no es indiscreción?– pregunta, intrigado.

-Traición, ira, tristeza, arrepentimiento…- enumera ella, con la mirada otra vez puesta en el libro que tiene sobre las rodillas.
-¿Arrepentimiento?- pregunta el hombre sorprendido.

-De haberme casado con él. Y de haberle entregado mi amor durante tantos años- contesta ella con rotundidad.
-¿Y de verdad podría usted estar segura de que si no se hubiera casado con él, no se habría arrepentido de no haberlo hecho?- pregunta el hombre invitándola a la reflexión.
-¿Usted cree? – contesta poco convencida.

-Yo solo sé, que no sé nada…- responde él, con voz baja, como si, de repente, se encontrara cansado, haciendo el gesto de ir a sentarse en el suelo-. Con su permiso, voy a sentarme un momen…
Antes de terminar la frase pierde el conocimiento y queda tumbado de costado en el suelo. A partir de ahí sucede todo a la velocidad del rayo y en mi cabeza los recuerdos son como fotografías: me levanto rápidamente y le sujeto la cabeza; miro a la mujer y veo que sigue hipnotizada mirando su libro, ausente; le pido que me preste su móvil y me mira como si le hablara en chino; le doy unas palmaditas al hombre en la cara y me da la sensación de que está muerto, no respira; entonces llamo a voces a la librera, que se encuentra detrás de las cajas de libros:
-¡Gotzone! ¡Gotzone!- grito asustado.

-Voooooy, vooooy….- la oigo contestar, a lo lejos, con voz alegre.

Entonces me veo sentado en el sillón, con los libros que había cogido para ojear sobre las rodillas. No hay nadie más en la librería y Gotzone sale de entre las cajas para contestar el teléfono que suena de manera insistente. Atiende la llamada, debe ser alguien preguntando el horario de tarde, porque ahora cierran a mediodía, y al colgar se dirige a mí sonriente y me dice:
-Alguien ha pasado muy mala noche o no ha elegido el libro adecuado, ¿eh, Pedro?- me dice, guiñándome un ojo y riéndose a carcajadas, mientras se dirige de nuevo a la zona infantil para seguir trabajando.
Yo me encuentro algo aturdido. Parece ser que me he quedado dormido, lo que, por una parte, me alegra bastante porque estaba teniendo un sueño bastante angustioso. Parecía bastante real, pero, pensándolo bien, la verdad es que la situación podría calificarse de atípica, cuando menos. Tanto el hombre desaliñado como la mujer vintage parecían sacados de otra época, vaya ropas…y qué forma de hablar… En fin, creo que necesito un café bien cargadito.
Así que me levanto del sillón y decido llevarme los dos libros que había cogido para mirar. Le hago un gesto a Gotzone para despedirme e indicarle que le dejo el dinero en el mostrador. Según me estoy acercando al mostrador, veo un libro caído en el suelo y voy a recogerlo. Es una de las biografías, la de Sócrates concretamente, que está bocabajo. Al darle la vuelta me llama la atención un dibujo en el que aparece un hombre rechoncho recostado sobre un lecho y, al pie del mismo, se puede leer: “muerte de Sócrates por ingesta de cicuta”. Me recuerda mucho al hombre que yacía en el suelo de Libu en mi sueño y, pensándolo bien, sí que hablaba como un filósofo, o por lo menos como yo imagino que hablarían los filósofos. Bueno, decido dejarlo estar, creo que hasta que no me tome ese café no puedo pensar con claridad, así que coloco el libro en su sitio y voy al mostrador, dejo el dinero y echo un último vistazo a la caja que he traído hoy. En la parte de arriba asoma el libro que recopila noticias y curiosidades antiguas. En la cubierta aparece la foto de una mujer que me resulta conocida. Agarro el libro con una mezcla de inquietud, extrañeza y nerviosismo. Busco la noticia que acompaña esa foto. Es una noticia de un periódico de 1927, con la foto de la mujer de la cubierta, y el pie de foto dice lo siguiente:
El misterio de la desaparición de Agatha Christie Continúo leyendo el resto de la noticia:
La gran escritora Agatha Christie implicada en un misterio que nos suena como la trama de una de sus propias novelas. Una helada noche del diciembre pasado, Christie desapareció de su casa sin dejar rastro, sólo para reaparecer once días más tarde alegando que no recordaba donde había estado o qué había hecho.
El coche de Christie apareció en una campa con el capó empotrado en unos arbustos, sin rastro de la autora. Tan sólo había un abrigo de piel, por lo que parecía que no podía haber ido muy lejos. Desde el principio la policía barajó la teoría del suicidio, aunque parecía poco probable. A sus 36 años, era una mujer con una prometedora carrera como novelista, que vivía con su marido, el coronel Archibald Christie, en una magnífica casa de campo.
Sin embargo, lo que nadie sabía, era que su vida no era tan perfecta como parecía. Su marido se había enamorado recientemente de una joven y le había pedido el divorcio. Al reencontrarse con su marido pareció no conocerlo. Un médico confirmó que estaba sufriendo de pérdida temporal de memoria y que en breve recuperaría todas sus facultades, aunque aún hoy sigue sin recordar nada.
Corren rumores de que durante esos días en los que ha estado desaparecida se registró en el Harrogate Spa Hotel bajo el nombre de Teresa Neale, apellido que corresponde al de la amante de su marido. ¿Realidad o ardid publicitario?
Termino de leer el artículo y entonces me doy cuenta de que es ella, es la
mujer vintage. Estoy seguro. Y el hombre…

Querido diario:
Como te decía al principio, Libu es un lugar de esos en los que, en cuanto entras, te sientes cómodo, como en casa, y es como si las historias que guarda cada libro de sus estanterías estuvieran suspendidas en el aire invitándote a leerlas y ser por un momento protagonista de ellas…
Es la única explicación lógica que encuentro para entender lo sucedido.